1.1. A LA JUVENTUD DALE ALCOHOL Y FIESTA
Andando por la calle las gotas de lluvia se deslizan por mi piel, no sólo refrescando mi cara, sino también mis ideas. Echo un vistazo a mi alrededor, sin parar de andar. Queda mucho camino para llegar a la facultad todavía. Minutos aprovechados para poner en marcha una vez más mi infatigable máquina de razonar.
Como iba diciendo, miro a mi alrededor, y veo montones de caras, ya conocidas después de los sucesivos días, que se apelotonan en la puerta de metro. Entonces un término se me pasa por la cabeza: ignorantes.
Pura masa de cerebros con patas, que se hallan lavados completamente. Bombardeados constantemente por aquello que quieren que veamos y sepamos. Televisión. Sí, no nos engañemos. Somos libres de escoger un canal, pero no de elegir la información que nos obligan a ver. Necios, que sólo piensan en beber los jueves y viernes por la noche, hasta las cinco de la madrugada y volver a rastras a casa. Necios, que pagan 7€ por cada copa a los empresarios que se hacen cada día con más y más dinero, un material absurdo creado por un sistema que, he de reconocer, está totalmente bien pensado (ver siguiente entrada).
Despertad, jóvenes, ignorantes que vivís sumidos en un mundo de fantasía, tal y como "los de arriba" quieren que estemos.
"La gente huye del cólera, y sin embargo no se aparta del alcohol, que es una plaga que produce muchísimo más daño".
Honoré de Balzac (1799-1850) Novelista francés.
1.2. ¿CAPITALISMO O FEUDALISMO?
Un incontable número de personas se cruzan conmigo, y con los pocos que vamos en sentido inverso, con fin de llegar a la facultad. Entonces aparece por la carretera un espectacular deportivo negro, que logra concentrar todas las miradas. La cara de satisfacción del piloto muestra su gran egocentrismo. Cuánto dinero le ha podido costar aquel vehículo. En ese momento viene a mi mente Rodrigo, el personaje de mi libro, que lucha por la libertad en un mundo oscuro, dominado por el sistema feudal. Y entonces, quizá por mi escaso conocimiento acerca de la economía, sociedad u otras ciencias, no puedo evitar pensar que la cosa no ha cambiado mucho.
Qué bien montado está el sistema. El rico disfruta de las maravillas que le puede ofrecer la vida. El rico conoce, viaja, usa bienes que un pobre jamás pensaría en tener, mientras la única finalidad de este es conseguir algo para poder tirar para adelante. Cuando, en realidad, trabaja toda su vida para permitirle todas esas grandes cosas al empresario. Qué importa la vida de un mísero peón: absolutamente nada; qué importa si un pobre hombre cotiza hasta los sesenta y cinco para dar de comer a sus hijos: absolutamente nada; porque tened presente que al empresario no le hace falta jubilarse. Lleva toda su vida jubilado. Así pues, en la Edad Media se le daba parte de la cosecha al rey, añadiendo el diezmo a la Iglesia, y ahora les ayudamos a enriquecerse más y más.
Pero no nos quejemos, porque hay gente que lo pasa mucho peor. Totalmente cierta esa frase. Pero hasta qué punto la ambición humana corrompe al mismo. Me refiero a que de su sueldo podrían comer cuatro familias que no llegan a fin de mes, y en su jardín vivir otras diez. Así pues, qué diferencia a un noble o a un burgués de su época con un magnate de los negocios ahora. Absolutamente nada. Unos viven la vida, a costa de otros. Aun así, insisto en repetir, es un sistema realmente ingenioso. Demos un piso de treinta metros cuadrados a una pareja, que nosotros ya tenemos mansión, así estarán contentos. Demos servicio público, porque claro, hay que cuidar al medio ambiente, de eso todos estamos de acuerdo, pero nosotros vamos en jet privado. Todo es una farsa. Y mientras, el obrero está trabajando toda su vida para poder tener algún capricho.
Por supuesto no quiero decir con esto que esté a favor de los jets privados, ni de las casas grandes... simplemente veo que este sistema no funciona, sabiendo de ante mano que es improbable cambiar nada.
Por supuesto no quiero decir con esto que esté a favor de los jets privados, ni de las casas grandes... simplemente veo que este sistema no funciona, sabiendo de ante mano que es improbable cambiar nada.
Continúo caminando, y miro a mi izquierda: la facultad de filosofía... y me hago una pregunta: "¿Qué carajo hacen tantos miles de personas dedicados a esa rama, en vez de desarrollar otro sistema o mejorar el actual?"
Quizá sea mi falta de conocimiento... o esa gente, como todos nosotros, tenemos lavados el cerebro, cuyo deseo es terminar el grado y trabajar. Y cuando preguntas por qué, la triste respuesta es la cruda realidad: trabajar para conseguir dinero.
...
"Parte del motivo por el que el capitalismo parece tener éxito es que siempre ha contado con mucha mano de obra esclava, la mitad de la población. Lo que las mujeres hacen -fuera del mundo laboral- no cuenta para nada".
Avram Noam Chomsky (1928-Actualidad) Lingüista, filósofo y activista estadounidense.
1.3. VERDAD OPRIMIDA
Mis pies detienen la marcha frente al paso de cebra. El semáforo, en rojo, implica la circulación de vehículos. Pero hoy ninguno atraviesa la zona peatonal. Entonces miro a mi derecha, y al fondo de la calle veo un grupo de jóvenes con pancartas en mano, gritando, enfurecidos, tirando cubos de basura y cortando el tráfico.
Violencia. Qué horrible palabra. La mejor amiga del hombre. Qué pena llegar a hacer uso de ella, y más penoso aún, ser apaciguada por más violencia.
Hartos de que sus voces no lleguen a ningún sitio. Hartos de que los políticos (ver posterior entrada), para variar, se dediquen a insultarse entre sí en vez de hacer su trabajo. De qué sirve la queja, si hacen caso omiso en la mayoría de las veces.
Pero qué bien montado está el sistema. Porque encima, si sales a la calle a protestar, te descuentan las horas de tu sueldo. Y una familia que no llega a fin de mes, no puede protestar. El dinero... la ambición por el dinero ha corrompido al ser humano por dentro. En otras palabras, se podría decir que están comprando tu silencio.
Y no sólo eso. La violencia es apaciguada con violencia, entre el mismo pueblo. El pueblo oprimido, se pisa a sí mismo. Los antidisturbios no son más que gente del pueblo, que castiga con violencia al mismo pueblo. Un comercial intenta engañar al comprador para conseguir más dinero. Una persona pisa a otra para tener como fin un aumento. Mientras, políticos, y esos empresarios de los que no se conoce ni el nombre, viven a lo grande.
¿Libertad de expresión? Y una mierda. Libertad de pensamiento, eso sí. Cada persona tiene una concepción diferente del mundo que lo rodea. Pueden tener semejanzas en ideologías o creencias, pero dentro de cada una, el ámbito es enorme. Todos somos libres de pensamiento, pero no de expresión.
Cuánto miedo nos paraliza. No es la primera vez que alguien se ha quejado a un profesor en nombre de todos sus compañeros y luego no se ha visto respaldado por nadie. Una vida de cárcel y sufrimientos es lo que nos esperaría.
Ahora bien. Me quejo del sistema, es verdad. Pero me veo en la necesidad de decir que no se me ocurre nada mejor. ¿Revolución? Bien, y después qué. Napoleón dijo al pueblo muchas palabras bonitas, y luego bien que se aprovechó.
Da igual el comunismo, socialismo, capitalismo... Todos, quieran o no, se ven dominados siempre por los mismos. El poderoso es quien domina, y quien vive feliz. Da igual que sea noble en el Siglo de Oro o en nuestros días. Siempre están ahí. Y el pueblo quiera o no, se verá oprimido siempre.
Como dice mi padre: "hijo, nos ha tocado vivir en el bando de los tontos"; y cuánta razón tiene.
Mis pies detienen la marcha frente al paso de cebra. El semáforo, en rojo, implica la circulación de vehículos. Pero hoy ninguno atraviesa la zona peatonal. Entonces miro a mi derecha, y al fondo de la calle veo un grupo de jóvenes con pancartas en mano, gritando, enfurecidos, tirando cubos de basura y cortando el tráfico.
Violencia. Qué horrible palabra. La mejor amiga del hombre. Qué pena llegar a hacer uso de ella, y más penoso aún, ser apaciguada por más violencia.
Hartos de que sus voces no lleguen a ningún sitio. Hartos de que los políticos (ver posterior entrada), para variar, se dediquen a insultarse entre sí en vez de hacer su trabajo. De qué sirve la queja, si hacen caso omiso en la mayoría de las veces.
Pero qué bien montado está el sistema. Porque encima, si sales a la calle a protestar, te descuentan las horas de tu sueldo. Y una familia que no llega a fin de mes, no puede protestar. El dinero... la ambición por el dinero ha corrompido al ser humano por dentro. En otras palabras, se podría decir que están comprando tu silencio.
¿Libertad de expresión? Y una mierda. Libertad de pensamiento, eso sí. Cada persona tiene una concepción diferente del mundo que lo rodea. Pueden tener semejanzas en ideologías o creencias, pero dentro de cada una, el ámbito es enorme. Todos somos libres de pensamiento, pero no de expresión.
Cuánto miedo nos paraliza. No es la primera vez que alguien se ha quejado a un profesor en nombre de todos sus compañeros y luego no se ha visto respaldado por nadie. Una vida de cárcel y sufrimientos es lo que nos esperaría.
Ahora bien. Me quejo del sistema, es verdad. Pero me veo en la necesidad de decir que no se me ocurre nada mejor. ¿Revolución? Bien, y después qué. Napoleón dijo al pueblo muchas palabras bonitas, y luego bien que se aprovechó.
Da igual el comunismo, socialismo, capitalismo... Todos, quieran o no, se ven dominados siempre por los mismos. El poderoso es quien domina, y quien vive feliz. Da igual que sea noble en el Siglo de Oro o en nuestros días. Siempre están ahí. Y el pueblo quiera o no, se verá oprimido siempre.
Como dice mi padre: "hijo, nos ha tocado vivir en el bando de los tontos"; y cuánta razón tiene.
"Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo".
François Marie Arouet "Voltaire" (1694-1778) Escritor, historiador, filósofo y abogado francés.